
Este era un pequeño Ángel que soñaba... deseaba incansablemente la felicidad que le había sido arrebatada, ansiaba fervorosamente todo aquello que su corazón ya herido no lastimaba, pobrecillo... hallase aun perdido, mofándose a gritos sordos de aquellos seres corrompidos...
Nunca has visto llorar a un Ángel... no lo has visto ni lo veras dolido, en muerte ni aun en vida, no serás testigo cruel de su debilidad ignota en el mundo de los muertos vivos, lo veras sumiso y solo pero en compañía de un leal amigo...
No serás asesino ya de un amor tan inmenso y puro... porque humanos ya podridos acabaron con su delirio...
Deja ya de lamentarte por la pérdida de un Ángel sin destino, tú no eres culpable... la indolencia, la hipocresía, el vacío, la actitud y la inconsciencia de mortales desinhibidos fueron la causa de su cruel destino...
Ay de aquel que hiera y desgarre su corazón ya marchito... a los lejos escuchará un quejido, deseará no haber nacido y buscará la muerte que ni siquiera ha merecido...
La muerte es un regalo del que todo lo ha creado, ni el ser más despiadado tendrá fortuna de no haberla conocido, la muerte es el descanso eterno de las almas que han pagado su castigo. Ay de aquel que vierta su mirada extensa de maldades que destruyan la inocencia y la existencia de un Ángel puro y acogido en su lecho tan querido...
Érase una vez un Ángel que Soledad se llamaba, Oscuridad fuese su apellido, el Silencio... su fiel amigo...