martes, 22 de enero de 2008

Y El Tiempo No Se Detuvo

La última caricia fue efímera y el abrazo demasiado corto, la despedida fue gélida y el maldito tiempo no se detenía...
La vida se deslizaba ante mis ojos, mirándome con áspera indiferencia, y el silencio me afligía el pecho y el alma se bañaba en llanto, el corazón, en un charco de sangre, aún palpitaba con avidez...
Y el alma gritaba, desgarrada, gritaba que te amaría siempre...
Y el corazón se desangraba, los ojos escupían rabia y tú decías "no llores por mí"...
Y alma, desgarrada, se retorcía del supremo dolor que la embargaba, y el tiempo... oh, maldito sea, no se apiadó de mi alma ni del pobre corazón que se moría en un charco grotesco y carmesí...
El alma, cada vez más destrozada, despedazada, mutilada, temblaba inmersa en convulsiones de desesperación y el corazón, impregnado ya de sangre, gritaba con sus últimas fuerzas que te amaría para siempre...
Tambaleándose, mi cuerpo se aferró al tuyo y el maldito tiempo los separó, no, no se apiadó de mi pobre alma ni de mi pobre corazón...
Y el alma se quedó sin lágrimas y el corazón exhaló el último latido, los párpados, cansados, se cerraron y los labios musitaron, temblorosos "siempre te he amado, te amo y siempre te amaré"...