martes, 17 de junio de 2008

De Lo Que Pasó En Una Cabaña

Esa noche era muy oscura y yo sólo quería tenerte a mi lado, pero tú bailabas con otra y parecías nisiquiera notar mi presencia y mucho menos te dabas por aludido con mis miradas.
Él llegó y me pidió bailar, como tú bailabas tan feliz con mi amiga, no dudé un sólo segundo en aceptar la invitación y bailamos durante horas; sus movimientos, suaves y sensuales, acrecentaban poco a poco el querer besarle en los labios, y sus manos, grandes y fuertes, me acariciaban cada vez con un poco más de confianza.
Luego de un rato nos fuimos juntos a la cabaña donde él iba a dormir y lo acompañé a la pieza, se sacó los pantalones, se metió a la cama, me pidió que apagara la luz y me sentara a su lado, me besó, me tocó y jugamos durante largo rato.
Su lengua saboreaba cada centímetro de mi cuerpo, sus manos me acariciaban lentamente y en un grito de placer tu nombre salió de mis labios entreabiertos.