lunes, 16 de abril de 2007

El Toque De Un Ángel

… y entonces le miraba y le idolatraba, besaba sus labios, acariciaba sus cabellos; lo sentía tan mío… me sentía tan suya.
Me abrazó, susurró suave unas palabras en mi oído y luego… un tibio beso en mi frente y se alejó, se alejó sin mirar atrás.
Estaba tan, tan sola, grité su nombre en la oscuridad y él no llegó… lo busqué tantas veces… tantas.
Pero un día ya no quise verle más, estábamos terriblemente distantes el uno del otro; fue ahí que escuché su voz gritando tras un muro… No te vallas, no me dejes, quiero quererte y no puedo, quiero darte todo lo que mereces y por siempre ser tu amor y tú mi mujer…
Decidí quedarme junto al muro esperando ver que pasaba, ambos buscamos infinitas formas de derrumbarlo sin conseguir resultados favorables. Día y noche, noche y día, sentía su beso suave intentando tocarme, escuchaba sus palabras y no podía comprender que decía, intentaba verle… mas era imposible, el muro era demasiado alto para nosotros y muy difícil de escalar.
Mientras dormía, la calle se llenó de un inmenso resplandor, abrí los ojos y estaba ahí… ahí conmigo… No, ya no me iré, no te volveré a dejar nunca ¡nunca!... me ayudó a levantar, me llevó a un lugar más reparado, me dio una manta y se sentó a mi lado… se acurrucó entre mis brazos, recorrió mi cuerpo con su mirada, besó mis labios, acarició mis cabellos, mi espalda, mis piernas… lo sentí tan mío, me sentí tan suya…